Hay poesía que trasciende
a su autor
y es universal.
Hay poemas que simplemente
son descargos de un
adolescente.
Hoy adhiero al segundo:
todavía me gusta la
chica
que hace seis meses
no le importo ni le gusto
(la que me eriza la espalda y
hace sonreír a las paredes).
Esquivo mis responsabilidades
y me emborracho
y me duermo mucho más
tarde
de lo que
debería.
Sin embargo tengo libros
que no cambiaría
por una mujer excepcional
ni por el trabajo y los deberes
absurdos
de quien comienza a ser adulto.
Digo, como quien ha olvidado
una flor sobre el escaparate.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
1 comentario:
éste
Publicar un comentario