Nos amamos en una tarde envejecida
perfumados por el fuego del horizonte
y aún jadeantes nos fuimos perdiendo
en la antesala del olvido.
tus senos blancos aun temblando
y yo con las ventanas abiertas
sudando amores y viejas esperanzas
una sabana se retuerce de envidia
y detrás de nuestra puerta
han dejado de oírse pasos.
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