Es bella la infancia. Ese sueño
estático y sin deseo
donde los días grises
son como ovejas asustadizas
y siempre habrá una mujer
con amor incondicional para
estallar de sonrisas.
Y hay una última infancia cuando
un joven idealista sale al mundo
con las manos abiertas y
sin miedo se entrega a los
caminos descuidados del laberinto.
Pisotea un par de charcos
una voz lo lleva por callejones
de ladrillo y creciente
oscuridad
y ahí ya está muy lejos de su infancia
muy lejos de un abrazo perfumado
muy lejos de un salvavidas
¿Fue todo un sueño? piensas
mientras despojado de tus ropas,
zaherida tu inocencia
sientes por primera vez el frío.
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