Recordarse un otoño recostado
sobre la garita desvencijada del tiempo esquivo
burlando gorriones en su vuelo anémico
y retratando muy bien estas hojas que caen
como si un hilo las transportara por niños en sus juegos
las manos agrietadas del verano se despiden.
Y estabas recostado, así te pienso, con el lago y sus árboles
descansando las cenas y los amores arrebatados
dibujando el viento que se coló una noche por la lana
trenzada en un invierno antiguo, por manos de abedul
ya habías crecido del verano y exhalabas sus gestos
Ya sabías que el otoño también se desvestiría, por eso
te quedaste en su lecho hasta entrada la noche
y aunque la esperanza verde había caído polvorienta
estiraste las piernas con desgano y cerraste los ojos
pensando que el invierno sería una leyenda que no conocerías.
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