viernes, marzo 2

En la ventana

Hace poco que la señora muerte me mira
desde la ventana abierta.
No habla, y detrás de ella se ve el día claro en mi
jardín; contraste de su pálida inexpresión, lívidos
e inflamados ojos de berenjena descuidada y
gestos indiferentes, como si no quisiera llevarme;
con cauta curiosidad y mirada abismal: a veces
se queda ahí y se asoma, otras se da una vuelta
y observa las hojas verdes con recelo.
Yo tampoco hablo: somos cómplices como nunca pude
con esas mujeres que pensé llegarían hasta este día. No:
ellas quedaron en un adiós confuso, un batir de alas, un tropiezo más
con mis anhelos de amor y compenetración. Pero ahora
sin deseo ni entusiasmo, me encuentro desnudo y compelido a la
entrega
de esta carne que fue traición y recompensa: un último encuentro
con los dioses y las falsas esperanzas: un canto del espíritu
para entrar junto a ella en las frías aguas del olvido.

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